Realidad: “Hijo mío, tienes que ver el sol” ¿Existe solamente la realidad física, o deberíamos empezar a ampliar dicho concepto?

Pues al parecer, esa frase es cada vez más común. Según menciona un artículo del diario The Guardian, tres cuartas partes de los niños en el Reino Unido pasan menos tiempo fuera de casa que los prisioneros. Lo cual parece asombroso, visto así a bote pronto.

Pero la realidad es:

¿En serio necesitamos salir de casa tanto como lo hacían nuestros padres?

Yo me lo he planteado seriamente, porque podría decir que en mi infancia/adolescencia fui un niño de ese tipo: algo friki, no me gustaban ni las aglomeraciones, ni los comentarios idiotas de los adolescentes de mi edad y conseguí tener pocos amigos en los que realmente pudiera confiar. La verdad, lo que menos me apetecía era salir a “tomar el sol” (que por cierto, cuando salía, tenía una gran tendencia a quemarme la piel). Y a esto hay que sumarle la necesidad de caer en “drogas comúnmente aceptadas” para poder llegar a “socializar”, como por ejemplo, beber alcohol o fumar tabaco, cosa que se da fuertemente y que aborrezco en España. Maravitupendo.

De todos modos, viendo este tipo de cosas, puede que hace unos 6-7 años yo fuera un bicho un poco raro al estar mucho tiempo con el PC, pero al haberse extendido en este intervalo el uso de las TICs hasta para sacarse fotos y añadir comentarios totalmente aleatorios y mandarlos por necesidad casi casi fisiológica, me pregunto si el perfil como el que yo tuve cada vez será más común.

No voy a empezar a decir que salir a la calle es terrible, inútil, etc. Porque si empezamos en ese plan nos cargamos la base social que genera la persona al interactuar físicamente con otros: el contacto visual, los gestos, los juegos, reírse, llorar, cantar, etc. Pero lo que sí es cierto es que cada vez las cosas que se hacían en la calle parecen más… sustituibles. El ejemplo más claro de esto es el de la comunicación.

Voy a poner de ejemplo mi caso, porque creo que puede ser un antecedente de lo que actualmente pasa. Cuando yo era adolescente, dediqué muuuuuuuuuucho tiempo de mi vida a un MMORPG (para el que no sepa de lo que hablo, son los Juegos Masivos Multijugador RPG en línea; Massively Multiplayer Online Role-Playing Game), y debo admitir que perdí muuuuuuuucho tiempo de mi vida. De todos modos, lo que buscaba, subyacentemente, era una realidad más agradable: una realidad en la que yo pudiera tener la batuta para dirigir qué era lo que yo quería hacer, una realidad (viva la contradicción) que me hiciera sentir que hacía cosas productivas, una realidad en la que pudiera hablar con la gente y que no me tachara de X o de Y a primera vista, etc. Porque si algo era curioso fue que en ese juego pude llegar a pasar como si fuera un hombre de 25-30 años sin apenas tener 15, y pude llegar a tener conversaciones inteligentes con muchos usuarios que me hicieron comprender mejor la vida. Quizá escriba algún día sobre qué me llegaron a aportar estos juegos a nivel personal, quién sabe.

Volviendo al tema; entiendo desde el punto de vista externo que los padres de la criatura se puedan alarmar y decirle: “Sal más a la calle”, y realmente, creo que no sería una mala idea. Pero lo que no podemos pensar es que la realidad de la calle sea la única que existe, puesto que, citando a Ortega y Gasset, “Yo soy yo y mis circunstancias”. Luego, si un niño tiene más fuentes de información vía TICs que vía la “realidad física”, y si no tiene necesidad de salir a la calle, ¿para qué va a salir? Antaño los motivos eran obvios: jugar con los amigos, hablar, contarse cotilleos, etc. Ahora se puede hacer todo eso desde casita, a golpe de mouse.

Y para más inri, el colmo se acerca en breves: la realidad virtual. Si ya empieza a haber quejas de los padres para con sus niños ya que no salen de casa, nos vamos a echar unas buenas risas cuando se generalicen modelos de visores como Oculus Rift, Magic Leap, etc. Porque entonces ya apenas sabremos distinguir en qué realidad vivimos.

Y la pregunta sería, aunque esta ya la dejo a modo de reflexión personal para el lector: ¿Prefieres la pastilla azul o la pastilla roja?